Estas en: Cali al Oeste / Actualidad

Jovita Feijóo, reina infinita

abril de 2010

Por, Martín Elias Morales

Jovita Feijóo llegó al estudio de Fernell Franco muy puntual el 15 de julio de 1970. Fue su primera sesión fotográfica con el maestro y la última. Aunque al día siguiente habían quedado de encontrarse de nuevo para terminar sus fotos, Jovita murió en la mañana por causas naturales.

Fernell Franco fue uno de los artistas y personajes de Cali que vieron en los ojos verdes de Jovita las ilusiones que la hacían el alma y la esencia de la cultura popular de la ciudad. Aunque sus fotos no llegaron a ser cuantas esperaba, quedaron como vestigios de la existencia de la reina eternal de Cali. Franco coincidía con algunos de los artistas de la ciudad en el interés por plasmarla en sus obras de arte, tal vez con la conciencia de que sería importante para la cultura popular, o simplemente porque eran cautivados por su primor y su personalidad de alcances insondables.

A Jovita se le prometió en vida una estatua en su honor. Tuvieron que pasar 38 años para que se le cumpliera la promesa en manos de Diego Pombo, que cuando conoció a Jovita tenía 13 años y no tenía ni idea de ser él quien le hiciera realidad su sueño y le hiciera su merecido homenaje. El 15 de enero de 2007 empezó a amasar la arcilla que daría vida a la escultura. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese laso fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella.

Pombo explica todo con su manera tan particular de botar las palabras, con un lenguaje que tal vez no le gustaría mucho a Su Majestad a quien nunca se le escuchaba usar un lenguaje irrespetuoso. Pero el maestro ya tiene confianza con ella, y dice: “Esta estructura es un homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas... a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio de pechos es breve. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”.

Estos 4 metros de Jovita son una reivindicación de su memoria, de su reconciliación con la historia. Es necesario que la nueva generación reconozca su importancia, y la anterior la recuerde. Al fin y al cabo es Jovita quién nos representa como caleños y recoge en sí el universo de ciudad que fuimos. Ella y otra decena más de personajes típicos de Cali perdían el favor de la diosa Psique, cuando la ciudad se fundaba como La Sultana del Valle, la ciudad más sobresaliente del país, y en la costa atlántica “El Príncipe del Valle del Sinú” (antes de perder el juicio) ya sabía lo que significaban:

Antes de devorarle su entraña pensativa Antes de ofenderlo de gesto y palabra Antes de derribarlo Valorad al loco Su indiscutible propensión a la poesía Su árbol que le crece por la boca con raíces enredadas en el cielo. Él nos representa ante el mundo con su sensibilidad dolorosa como un parto.

Así mismo es. En la actualidad aún vive la Loca Marlene, tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo pero seguramente tendrá que esperar su momento, el de Jovita es ahora. Y aunque algunos personajes de círculos pseudo intelectuales de la élite caleña insistan que “El fantasma de Jovita Feijóo sigue rondando el imaginario de una ciudad que, ante la ausencia de referentes atractivos, crea personajes–caricatura que eleva a mitos populares, como si el alma caleña pudiera reflejar su esencia en seres como (ella)”, como afirma con una ligereza obstinada Beatriz López en el diario El País. Habrá que ver más allá lo que significan las expresiones culturales de nuestros personajes, y no pretender limpiar nuestro abolengo de sus matices más populacheros, de ahí venimos, al fin y al cabo, eso somos.

Jovita Feijóo nace en Bolo Alisal (Palmira – Valle) y se establece con su familia desde muy joven en Cali. En el año a finales de los años 30 existía en Cali una emisora que transmitía un programa llamado “La hora de los aficionados”, el conductor y dueño de la emisora, Hernando Bueno, fue el primero en saber de Jovita. Apareció un día en la sede de la emisora “La Higueronia” ubicada en la Plaza de Caycedo a probar suerte como muchos cantantes amateurs que querían lograr algún renombre local. “La Campirana” fue la canción con la que debutó y aunque no le fue muy bien en esa ocasión el Sr. Bueno la invitó a volver. Pronto esta jovencita de 15 años empezaría a ser admirada y un día coronada, con un vestido blanco, a la vista de los transeúntes de la Plaza capital de la ciudad, como una reina menor y, años después, la reina y señora de Cali.

Jovita, dueña de su utopía, tenía un don de gentes incomparable. No había familia caleña que no la apreciara ni tampoco dama de la alta sociedad que no hubiera tenido con ella algún detalle como regalarle vestidos y joyas. Era en esencia una gitana, no permanecía mucho tiempo establecida en un mismo domicilio, además de que sólo acudía a él en las noches puesto que siempre vivía muy ocupada y tenía citas a toda hora: con el padre Hurtado Gálviz, con José Pardo Llada o con Fernell Franco, si no era que cualquiera de los presidentes de la República de turno no estaban de visita en el Club Colombia, porque entonces iba y se entrevistaba con él por encima de cualquier protocolo y agenda existente en su interminable lucha por tener su Casa del Virrey en Cartago.

Jovita era una coleccionista de ilusiones y sueños, vivía por cargar con sus atados de recortes donde conservaba sus recuerdos más preciados como las fotografías con Luz Marina Zuluaga, la única miss universo colombiana, o con María Félix. La fantasía que vestía su espíritu engalanaba todo lugar por el que pasaba y quedaba impregnado de su perfume, el que aún sólo existe en la memoria de los que la conocieron y en los jóvenes por medio de la remembranza que poco suena. Su preocupación por la ciudad y su profunda humanidad contrastada con su carácter fuerte y su aire de monarca hacían de esta mujer un ser humano excepcional.

Su historia como reina propiamente dicha comenzó con una iniciativa de los estudiantes de la Facultad de Mecánica de la Universidad del Valle de postularla como su candidata para el reinado universitario. Aunque no había razón para que compitiera con las otras candidatas, que tenían 30 años menos que ella, fue coronada como la reina de la alegría en el coliseo del colegio Santa Librada a pocos metros de donde hoy se yergue con una sonrisa radiante, un bello vestido verde, una corona y un ramo de rosas como cetro.

Muchos de los antiguos pseudo intelectuales de los que hablamos anteriormente, tal vez sus antepasados, casualmente también por medio de los periódicos locales (antes en el Diario Occidente y en la actualidad en el Diario el País) hirieron profundamente su honor acusándola de loca. Las notas en los periódicos, a pesar de mantener su gobierno sobre las mentes comunes con sutiles pinceladas gramaticales, no lograron burlar la sagacidad de Jovita que protestó por publicaciones en las que se decían cosas como que era una “vieja loca”. Jovita exigió una rectificación. Esta rectificación usó la frase “personaje pintoresco” para referirse a ella, por lo que la rechazó también, hasta que la siguiente edición dominical se la dedicaron completamente como un homenaje sensato a su persona.

Jovita siguió entonces en medio de los cambios que el mundo sufría en plena década de los 60’s, protestaba con los estudiantes, los defendía en todo ámbito social, veía con ansias una ciudad que se preparaba para los Juegos Panamericanos y que afortunadamente no presenció puesto que no habría soportado ver cómo la fuerza pública asesinaba a 20 de los estudiantes que la coronaron. Anduvo pues hasta el último día, buscando tener su casa real, y con un dolor de Cali en su piel curtida.

Esa mañana en que se le gastó el corazón a sus ilusiones Jovita fue llevada a una funeraria en la Avenida Vasquezcobo con un vestido blanco impecable como el que llevaba el día de su primera coronación. Su cuerpo fue depositado en la bóveda número 411 del Cementerio Central muy entrada la noche. Durante todo el día desfilaron miles y miles de personas desde la Ermita hasta el cementerio para despedir a su soberana. 38 años más tarde, el dolor de Cali y de mundo que sintió Jovita se ignora. La bóveda 411 no fue visitada ni una vez en una semana que visité el cementerio. Pero así, como lo cantaba Caro hace un siglo, termina siendo con todo:

(...) con la patria y la juventud, con nuestro hogar y antigua casa, con la inocencia y la virtud!...

Mientras tenemos despreciamos, sentimos después de perder, y entonces aquel bien lloramos que se fue para no volver!

Ahora es su tiempo, tal vez quede poco de la delgada silueta de Jovita Feijóo. Sus 1,68 metros se convirtieron en 4,10 metros de historia por reivindicar. Gracias al maestro Pombo, y a unos cuantos entusiastas como Javier Tafur, en quién su buena fe en rescatar la vida de Jovita en “La Biografía de la de las ilusiones” compensa algunas imprecisiones y levedades del texto. ¡Ave, Jovita, reina infinita!


Foro


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

¿Un mensaje, un comentario?
  • Puedes cambiar el título de tu mensaje.
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)

¿Quién eres? (opcional)



Lo último en tu portal Se Vive Bien

Actualidad Cultura El oeste Fotogalerias
Movida de Cali Opinion publicidad Turismo